En Retiro eran largas las filas para subir al tren, muchos esperan a que llegue el tren, algunos no respetan las colas y los otros se quejan a sus espaldas. Suben y el tren arranca.
Todo es cuestión de suerte y entretenimiento para que los artistas coincidan en tu vagón y te acompañen con sus dotes.
En la estación de Palermo, del ex TBA, sube gente, una vez que se cierran las puertas y el tren vuelve a arrancar una voz muy ronca anuncia "Muy buenos días pasajeros, les deseo un viaje placentero acompañado con nuestra música".
Aquel señor de aproximadamete 57 años de edad, canoso y con arrugas en la cara, recita los estribillos de algunas letras de Leon Gieco con un tono floklórico. Su compañero se presenta como un "hip-hopero" salido de los suburbios de la Gran Ciudad, con un tatuaje en la nuca, acompaña con su ingenio y ritmo la continuación de la canción.
El tema que cantaba el folklorista y las palabras del hip- hopero, no eran más que un reflejo de la realidad social en la que se vive. "Sobreviviendo, Sobreviviendo" cantaba uno " Sobreviviendo a un día más que hay poco trabajo y no se puede progresar" recitaba el otro "Sobreviviendo, Sobreviviendo".
Era unas de las tantas canciones que cantaron en un vagón, luego con una pasaron entre los asientos con una gorra roja y la gente, conmocionada, depositaban monedas u billetes, otros nada. Al terminar de pasar se dirigen al otro vagón a seguir ganándose la vida.
La vida de las bandas, músicos o solistas under, no pasan bajo el techo de un teatro o un gran escenario, ellos dependen de los andenes, ruedas y asfalto, donde predomine el público para poder transmitir su arte. Todo este trabajo, que realizan los artistas callejeros, depende de un día de destino para llegar al próximo.